Al alba. La creatividad entre el proceso y el instante.

Esta mañana nos levantamos temprano, y decidimos compartir palabras en torno a las emociones a las que puede dar lugar la acción creativa. No existe un catálogo en el que estén descritas las consecuencias sentimentales de uno u otro ingrediente en la configuración de un producto, de un servicio, de una atmósfera.

Tú me hablabas de lo artificioso que podría ser diseñar o proyectar un “algo”, buscando en el repertorio de funciones aquellas que dieran lugar a la paz interior, la alegría, la inquietud innovadora, la envidia o el sentimiento de triunfo.
Yo te hablaba de los sentimientos preconcebidos, los que denuncian la veracidad de su alcance o renuncian al compromiso en su consecución antes de conocer, antes de percibir, el contenido de una propuesta. Anidamos detonantes que nos inducen a una u otra actitud, e impedimos que otros fluyan desde el objeto a nuestra inteligencia emocional. Bloqueamos toda posibilidad de cambio cuando, sin sospecharlo, somos víctimas de un marco de criterios que mantenemos por un infranqueable sentido de la coherencia con un ideario que nunca sometimos a un análisis sólido.

No somos capaces de dedicar un tiempo a conocer cómo gozar de las cosas, a percibir qué sentimientos nos producen. En El pensamiento vagabundo, Jordi Soler nos cuenta: “Mientras Montaigne pasaba en silencio largos tramos del día, que llenaba de pensamientos y reflexiones, nosotros forcejeamos contra el estruendo que sale permanentemente de las pantallas. Concentrado en un solo punto, Montaigne lo abarcaba absolutamente todo, nosotros, concentrados en puntos múltiples, no abarcamos casi nada. (…) Cualquier momento libre se rellena con la información ilimitada que produce la pantalla del teléfono o de la tableta. Nadie tiene paciencia ya para sentarse a oír un álbum de música completo, hay tiempo para oír una sola canción, que se vende en iTunes por separado; el disco entero nos roba el tiempo que podríamos aprovechar consumiendo otra cosa.
Lo mismo pasa con el cine, comprometerse durante dos horas eternas con una película parece excesivo, si se tienen las series de televisión que vienen dosificadas en cómodas cápsulas de 45 minutos, cápsulas asépticas como las de la máquina de Nespresso, que nos ahorran el tiempo que nos tomaría el lidiar con la cafetera manual, y el esfuerzo de enfrentarnos con la monserga del café molido.”
Me obligaste a dar un salto cualitativo, y me comentaste un artículo que hablaba de los esperanzadores resultados de una nueva generación de fármacos que ayudan a que sea el propio cuerpo el que combata las células tumorales, tienen como objetivo impedir que las células cancerosas se escondan y escapen de las células del sistema inmune, los linfocitos.
“El medicamento no destruye las células cancerosas. Ni interfiere en mecanismos moleculares del tumor para que no prolifere. En lugar de ello, consigue desactivar el escudo que usan las células tumorales para camuflarse, despistar y esquivar al ataque de los linfocitos, las células del sistema inmune encargadas de combatirlas.”

En la actividad creativa, el silencio puede provocar el bloqueo de la información consumida “al instante” –si me lo permites, la llamaré cancerígena-, para dar lugar a un proceso de generación del conocimiento gozoso, y restaurador de la vivencia de las emociones más diversas y enriquecedoras.
Tomé con mis dedos una flor de jazmín y nos transportamos con su fragancia a una vivencia poética, me diste un beso y me sonrojé.

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